Comunicarnos para des-deshumanizarnos

La comunicación, o mejor dicho, el lenguaje, se ha vinculado siempre al ser humano. No obstante, ¿de verdad creemos que estamos utilizando todas nuestras habilidades comunicativas para sentir que somos personas, o para hacer sentir a los demás que lo son?

Me explico;

Hoy no me ha sonado el despertador y le he dedicado un “Mierda, ya llego tarde” a mi pareja antes de cerrar la puerta de casa. Me he tropezado en el camino al trabajo con un señor y no le he pedido ni perdón. He llegado a la oficina, he saludado a mis compañeros con un resoplido, me he sentado en mi puesto de trabajo y he hecho mi primera llamada con el temor de haber incumplido con mis responsabilidades profesionales, y me he excusado teniendo como tabú la expresión “Perdón, he querido llamar antes pero, sinceramente, hoy no me ha sonado el despertador”. He bajado al bar y le he pedido aquello que se mueve detrás de la barra: “Un café”. Y aquello que se mueve detrás de la barra ha puesto el café: “1,20”.

¿Qué pasa con mi pareja, qué pasa con el señor que he atropellado, qué ocurre con mis compañeros de trabajo, y con la persona que estaba al otro lado del teléfono? ¿Aquello que me ha puesto un café, no era una camarera? ¿Qué pasa conmigo?

¿Me he comunicado? Sí. Le he demostrado, por ejemplo, a mi marido, que estoy enfadada conmigo misma; al señor, que solo pienso en mí; a mis compañeros, que tengo prisa; a mi cliente, que estoy dando muchos rodeos; a la camarera, que simplemente es una máquina de poner cafés.

Todo lo que hacemos, y no hace falta que hablemos, comunica algo. Ahora bien, ¿me he comunicado correctamente?, ¿he sido fiel a mis pensamientos?, ¿de verdad me daba igual golpear al pobre hombre que caminaba tranquilamente?, ¿no hubiera sido más humano decirle a mi cliente, con toda confianza, lo que me había pasado?

Es solo un ejemplo. Tampoco pretendo hacer apología de los trabajadores que siempre llegan tarde. Pero es cierto que algo de esto sí nos ha pasado, y ni siquiera lo hemos tenido en cuenta, o lo que es peor, lo vivimos como si fuera algo normal.

La buena comunicación se establece cuando nos miramos, nos hablamos, nos tratamos de personas a personas; cuando tenemos en cuenta lo que piensan los demás, o mejor dicho, cuando hacemos un esfuerzo por saber qué mensaje van a recibir con lo que hacemos o decimos; y cuando lo que hacemos o decimos corresponde a lo que sinceramente queremos transmitir, sin pensar solo en nosotros mismos.

Y aunque parezca que tiene un carácter “adoctrinante”, este post solo pretende hacer una reflexión sobre nuestra forma de comunicar, esto es, sobre nuestra manera de comportarnos, de hacer y de decir.

Esta reflexión es uno de los pilares de Elocuarte, el arte de dirigirse a los demás.

Bienvenid@

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *